España, un país resiliente

Pronto hará 8 años que entramos en recesión económica, una situación que seguro que ninguno de nosotros pensamos que se alargaría durante tanto tiempo. A lo largo de este periodo la sociedad ha estado sometida de manera habitual a noticias de signo negativo que han ido mermando poco a poco la moral del personal.

Los que nos mantenemos activos en el mercado laboral, a pesar del “tsunami” de desempleo que estamos viviendo, no hemos tenido más remedio que sacar a relucir nuestro lado resiliente para sobrevivir en un entorno de incertidumbre profesional y austeridad salarial. Por otro lado los que militan en las filas del desempleo también han mostrado su resiliencia no dejándose vencer por el desánimo y el pesimismo en su cruzada por salir de las listas del INEM.
Las compañías, cada vez más, demandan a los headhunter perfiles 
Las compañías evidentemente no son inmunes a los cambios en el ecosistema social y empresarial. También han tenido que adaptarse a un entorno de mayor competencia, presión del mercado, optimización de cuenta de resultados, deterioro de márgenes, incertidumbre al fin y al cabo. Como “headhunter” constato como se ha convertido en algo habitual que dentro de los requerimientos de nuestros clientes se encuentre resiliencia como esa cualidad deseada en todos los casos. Tratándose de una cualidad positiva y deseable en el ser humano, considero que la resiliencia llevada al extremo (como todo en la vida) puede convertirse en algo negativo y perjudicial.
Llevar nuestra capacidad de aguante y de sobreponernos a la adversidad al límite y que forme parte de nuestro día a día no es bueno. Más bien al contrario, puede hacer que nos acostumbremos a vivir en entornos de negatividad constante, o que asumamos que debemos saber “gestionar” relaciones con personas tóxicas que nos arrastran hacia el pesimismo o que incluso pueden acabar por afectar a nuestra autoestima. No descubro América cuando digo que en el equilibrio se encuentra la virtud, y esto aplica desde luego también a nuestra capacidad de ser resilientes.
Resiliencia, si, pero sin exagerar
Hace unos años participé en una prueba de ultratrail de 75km cruzando los Pirineos. No había podido entrenar adecuadamente para la prueba. El día de la carrera no me encontré bien desde el primer kilómetro. A pesar de las malas sensaciones, me empeñé en seguir adelante con el convencimiento de que debía superar esas “malas sensaciones” y seguro de que a lo largo de la carrera me encontraría mejor. A lo largo del día, lejos de mejorar, cada vez me sentía peor, pero nunca me planteé retirarme pues seguía pensando que en cualquier momento mejoraría….además de haberme acostumbrado ya a esas “malas sensaciones”.
A pesar de la agonía que viví a lo largo de esa jornada, no me retiré y logré finalizar la carrera en unas condiciones lamentables. Ese día hice gala de gran perseverancia y resiliencia, pero también de muchísima estupidez e inconsciencia. A pesar de las felicitaciones de mis compañeros en mi fuero interno sabía que lo que hice no estuvo bien y debí haberme retirado a las primeras de cambio. Desde entonces tengo claro que de nada vale ser resiliente, si no es con una cierta perspectiva de la situación que se atraviesa…resilientes sí, pero sin exagerar. Aunque no es fácil, es importante saber cuándo estamos superando el límite de una “resiliencia razonable”.
¿España es un país resiliente? Sin lugar a dudas… pero ¡a lo mejor nos estamos pasando!

Por
Manuel Clavel
Socio
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