El poder de practicar con IA en el desarrollo de habilidades de comunicación
En mi experiencia acompañando a profesionales y organizaciones en el desarrollo de sus habilidades, hay una idea que se repite una y otra vez: para comunicar mejor es esencial practicar.
Cuando diseñamos formaciones de comunicación y feedback, tenemos claro que una buena sesión no se limita a transmitir conceptos, sino que combina reflexión y práctica para convertir el conocimiento en acción. Y entre todas las metodologías, el role play sigue siendo la más poderosa, pero también… una de las que más respeto genera.
Practicar permite descubrir qué hacemos bien, qué tenemos que mejorar y cómo reaccionamos bajo presión. Aprenden quienes observan, pero sobre todo quien se atreve a entrenar.
¿Por qué surgen entonces tantas resistencias ante la realización de estas prácticas durante una sesión de formación?
En la base de muchas resistencias aparece el riesgo de exponerse ante los compañeros. Practicar implica exponerse, improvisar y equivocarse en público. Nuestro cerebro interpreta esa exposición como amenaza al estatus y activa conductas de autoprotección: evitación, humor defensivo y respuestas “de manual” que reducen la experimentación. Esta situación se agrava cuando en la sala están los compañeros habituales, y más aún cuando están los managers. No hay un rechazo a aprender, sino a quedar en evidencia.
Otro motivo es la percepción de irrealidad. Cuando los escenarios, o la interpretación de la otra persona, no reflejan situaciones reales, se genera falta de credibilidad: “esto no pasa así”.
Adicionalmente encontramos la dificultad de proporcionar feedback objetivo: en algunos grupos aparece el sesgo de indulgencia, donde algunas personas suavizan sus comentarios para no exponer al compañero y también puede surgir lo contrario, el sesgo de severidad, con observaciones excesivamente críticas que desmotivan y dificultan el aprendizaje. A esto se suma la típica discusión de exactitud —“¿lo dije así o no lo dije así?”—, porque la memoria de la interacción es parcial y selectiva.
Por último, la realización de role plays en sesiones de formación, exige un alto consumo de tiempo: hay que explicar el objetivo, proporcionar el contexto, dejar un margen de preparación, ejecutar la simulación y, sobre todo, explotar lo ocurrido para convertirlo en aprendizaje. En la práctica, cuando el tiempo aprieta, suele recortarse la fase de feedback, que pasa a ser breve y genérico; el resultado es una retroalimentación poco detallada, lo que limita la transferencia y reduce el impacto de la experiencia. Cuando el feedback no es detallado y productivo, el aprendizaje no se produce: el participante no puede identificar claramente qué hacer de manera diferente la próxima vez, y la oportunidad de mejorar se pierde.
La oportunidad de las simulaciones con IA
Actualmente la tecnología nos ofrece una nueva manera de entrenar habilidades de comunicación: practicar con un avatar IA, recibir feedback inmediato y repetir hasta hacerlo mejor, descartando la mayoría de las barreras mencionadas.
- Elimina el riesgo de exposición ante los compañeros, ya que el participante interactúa directamente con el avatar, sin la presión de ser observado por otros. Esto permite que se practique de manera más libre, sin el temor de cometer errores en público.
- Aborda la falta de realismo que puede surgir en los escenarios tradicionales. El avatar responde de manera estructurada y ajustada al contexto, sin suavizar su respuesta para proteger al participante ni ser excesivamente duro, lo que crea un entorno más equilibrado y realista para practicar.
- El feedback es detallado y objetivo. El avatar proporciona retroalimentación sin sesgos, y el participante tiene la posibilidad de revisar la transcripción de la conversación, lo que permite un análisis profundo de lo que funcionó y lo que no.
- Por último, se resuelve la limitación del tiempo: las simulaciones están disponibles las 24 horas, lo que permite que cada persona elija el momento más adecuado para practicar, adaptándose a su propio ritmo y horarios.
Porque comunicar bien no se enseña: se entrena. La práctica deliberada —apoyada en feedback específico, repetición y medición— convierte el aprendizaje en hábito y la teoría en acción. Y ahí es donde de verdad cambian las conversaciones… y los resultados.
Y tú, ¿cuándo fue la última vez que practicaste una conversación importante?
Blanca Cal, engagement manager en Talengo.








