Liderar desde otro lugar: el cambio que necesitan los equipos técnicos
En muchos equipos de ingeniería y tecnología todavía persiste una cultura basada en la perfección técnica y el control, donde predomina la idea de “cero dudas y cero errores”. Este modelo de liderazgo suele penalizar la vulnerabilidad, premiar el exceso de exigencia y limita la expresión genuina del talento.
Para muchas mujeres ingenieras, esto se traduce en la necesidad de hiperprepararse para evitar cualquier señal de duda o falta de competencia, en ocultar su curiosidad por miedo a equivocarse o a parecer poco preparadas, y en asumir cargas adicionales con el fin de demostrar su compromiso y capacidad.
Esta cultura, heredada de modelos de liderazgo más tradicionales, limita además la innovación y frena la diversidad de pensamiento, tan necesaria para afrontar los retos actuales.
Barreras invisibles que frenan el desarrollo
Además del contexto y de las barreras culturales, las mujeres en ingeniería se enfrentan a sesgos y creencias que condicionan su experiencia profesional.
Desde el llamado muro de la maternidad, que pone en duda su compromiso laboral o su capacidad de asumir retos de mayor responsabilidad, a la doble exigencia en el estilo de liderazgo —si muestran cercanía, se las percibe como débiles, si son firmes, como agresivas —. A ello se suman algunas creencias internas limitantes, como “si fallo, perderé credibilidad”, que afectan a su confianza y capacidad de influir.
Estas barreras, muchas veces invisible e inconscientes, requieren de las Organizaciones un cambio profundo en los sistemas de evaluación, desarrollo y reconocimiento del talento.
Hacia un liderazgo más inclusivo
La transformación cultural que requieren los entornos técnicos no se consigue únicamente con buenas intenciones. Implica rediseñar activamente los modelos de liderazgo, pasando de estilos centrados en el control y la perfección a otros que valoren la colaboración, la diversidad de pensamiento y el aprendizaje continuo.
Construir equipos diversos y creativos requiere romper los modelos heredados y abrir paso a nuevas formas de colaborar, innovar y crecer. Para ello, propongo cuatro acciones clave:
- Mentoring y patrocinio técnico: contar con referentes sénior que respalden, visibilicen y promuevan activamente el desarrollo del talento femenino.
- Evaluación inclusiva del talento: valorar más allá de la perfección técnica, reconociendo la colaboración, la curiosidad y el aprendizaje continuo.
- Proyectos “sandbox”: crear espacios seguros donde se pueda experimentar, asumir riesgos y aprender del error como parte natural del proceso.
- Redes de apoyo: fomentar comunidades de mujeres ingenieras que faciliten el intercambio de experiencias, buenas prácticas y el acompañamiento.
Es momento de liderar desde otro lugar. Un lugar donde la autenticidad, la diversidad y la colaboración se conviertan en motores del cambio.
Por Marta Merino, directora en Talengo Tech








