La capacidad de aprender, la gran ventaja en tiempos de IA
Por qué la capacidad de aprender se ha convertido en un factor decisivo, en un contexto marcado por la inteligencia artificial.
Nada resulta tan típico —y tan tópico— al comenzar el año como los nuevos propósitos. Son innumerables, aunque al final siempre son los mismos: hacer deporte, perder peso, dejar de fumar, aprender un idioma, leer más, mejorar la situación profesional, dedicar más tiempo a la familia…
Si ahora hay una competencia que aglutina parte de estas buenas intenciones de cada inicio de año es la tan de moda capacidad de aprendizaje o learnability, si claudicamos al imperio semántico anglosajón.
Y nunca ha sido tan relevante como ahora, cuando la omnipresente inteligencia artificial entra en juego, de forma directa o indirecta.
Si pensamos en los jóvenes, el riesgo está en dejar una parte de sus capacidades sujetas a la IA, y además asumir que al tener estos “superpoderes” les permitirá tener mucho más tiempo para actividades de ocio/personales. Llevado al extremo se puede pensar en alcanzar un arcadia feliz, pero no deja de ser una pura utopía. Suponer que todo trabajo es intelectual y que está sujeto a la mejora de productividad que la IA aporta, es mucho soñar.
Si los jóvenes pierden su capacidad de aprendizaje, pensando al mismo tiempo que van a tener todo el tiempo del mundo para patinar por calles acolchadas, estaremos apuntando hacia el célebre “Un mundo feliz” de Aldous Huxley. Dejaremos de hacer el esfuerzo de pensar, aprender y decidir porque nos resultará más cómodo que otro lo haga por nosotros. En definitiva, aceptaremos perder profundidad y pensamiento propio a cambio de comodidad, consumo y una felicidad rápida y superficial. Y todo ello estratificado por castas, como bien define el libro de Huxley. Es decir, por si alguien no lo ve claro, la desigualdad estará también garantizada.
En el caso de los perfiles más senior, el escenario es similar, con el agravante de la desconexión tecnológica que suele acompañar a la edad y la mayor quiebra social asociada.
En definitiva, la capacidad de aprendizaje se convierte hoy en una competencia crítica y determinante. La IA puede ser una gran oportunidad o un gran fracaso para cada uno de nosotros y, por tanto, para la sociedad en su conjunto. Como cualquier herramienta, la IA requiere esfuerzo de aprendizaje, curiosidad, creatividad, acción,… En definitiva, requiere esa ilusión que debemos tener siempre cada comienzo de año y que está ineludiblemente unida al aprendizaje.
Quien logre combinar bien estos ingredientes tendrá un cóctel imbatible para celebrarlo al final del año.
José Ignacio Jiménez, socio de Talengo








